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lunes, 30 de diciembre de 2013

Repaso a mis lecturas del 2013

      El año se acaba y si por algo se caracterizan estas fechas, además de por el exceso de comida, alcohol y ñoñería, es por ese deseo incontrolado de hacer balance sobre lo que se ha hecho o sufrido durante los últimos doce meses. Aplicado a la lectura, este deseo se traduce en muchas ocasiones en la elaboración de Tops (5, 10 o 12) en los que se recomienda y/o comenta los mejores libros que uno ha leído durante el año que termina, y lo cierto es que yo también me propuse hacer algo parecido; sin embargo, a la hora de abordar semejante empresa, reconozco que me he sentido incapaz de ensalzar unas lecturas sobre otras, por lo que finalmente he decidido limitarme a hacer un repaso general de todos los libros que han pasado por mis manos durante estos meses (incluyendo cuando corresponde los enlaces a las reseñas que ya he escrito sobre algunos de ellos).

      En total, he leído 32 libros durante el año 2013 (algunos me han acompañado durante uno o dos meses, otros me los he ventilado en un día), y si tuviera que destacar una característica de mi actividad lectora durante este año, ésa sería sin duda mi inmersión en la literatura nacional más "joven" y "de género" (terror, pulp, ciencia ficción...), gracias a la decidida actividad de editoriales también jóvenes como Dlorean Ediciones, Tyrannosaurus Books, Editorial Universo o Kelonia Editorial (por mencionar aquellas de las que he leído libros este año, pero que no están ni mucho menos solas en esto). Y es que si el año pasado comencé a darle una oportunidad a este tipo de literatura autóctona con las antologías Actos de Venganza (de Tony Jiménez) o Arkham, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books, este año he leído nada menos que 18 libros (más de la mitad del total) susceptibles de ser marcados con esta etiqueta. No está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que en dos casos, no sólo me he limitado a comprar y leer estos libros, sino que además he favorecido su publicación gracias al sistema de crowdfunding organizado por la página de Verkami, motivo por el que tanto la antología Érase una veZ de Kelonia Editorial como La Frati Nigra del autor Lem Ryan llevan impreso mi nombre como uno de los numerosos microfinanciadores que las han hecho posibles (motivo de orgullo para mí, cómo no).

     Sin alejarme de la producción de autores nacionales, este año 2013 ha supuesto para mí el descubrimiento del pulp y el steampunk, un multigénero y subgénero respectivamente, que apenas había probado anteriormente, y de los cuales he catado suficientes (y sabrosas) muestras durante estos últimos meses. De esta forma, y en lo que al pulp se refiere, he podido disfrutar con la primera novela de Miguel Ángel Naharro, La Maldición de la Diosa Araña y la antología Action Tales, ambas publicadas por Dlorean Ediciones, mientras que mi "estreno" con el steampunk ha venido de la mano de otras dos antologías, Ácronos (Tyrannosaurus Books) y Steam Tales, además de la novela La Máquina del Juicio Final de Raúl Montesdeoca (estas dos últimas de Dlorean Ediciones); un "estreno" más que satisfactorio que me ha animado a pillarme recientemente otra novela enmarcada dentro de este subgénero que ya reseñaré en su momento. ¿Y de ciencia ficción más clásica? Pues también he tenido la oportunidad de leer un par de libros autóctonos de este tipo: El Columpio Negro de Lluís Rueda (Tyrannosaurus Books) y Panteón de Carlos Sisí (Minotauro), ambos muy recomendables aunque compartan, a mi ver, un mismo defecto: el último tercio de la novela, aunque correcto, no está del todo a la altura de los dos tercios anteriores, sobresalientes en mi opinión.

      A continuación, toca mencionar mis lecturas hispanas de género de terror o sobrenatural, sin duda muy bien representadas en la lista de este año. Para empezar, ahí han estado las dos primeras novelas de Tony JiménezCinco Tumbas sin Lápida y Drácula vs La Momia: Batalla por Chicago, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books, y aunque con enfoques (y propuestas) muy diferentes, igualmente disfrutables; y como segunda entrega de esa línea Monsters Unleashed lanzada por esta editorial (la primera fue el Drácula vs La Momia ya mentado), la segunda novela de Miguel Ángel NaharroDrácula y los Crímenes de Jack el Destripador, todo un divertimento sangriento con sus toques steampunk. Aparte, también he disfrutado con la lectura de la ya mencionada La Frati Nigra, muy bien acompañada por esas otras dos novelas cortas de Lem Ryan que han sido publicadas a raíz del mismo proyecto de crowdfundingKatham y las Sombras del Caos y Cazadores de Vampiros. Y finalmente, y adscritas como las anteriores al género sobrenatural, mencionar también lo mucho que me han gustado tanto El Camino de Baldosas Amarillas de Juan de Dios Garduño (aunque tal y como decía anteriormente sobre El Columpio Negro y Panteón, pienso que la recta final del libro no hace justicia a sus magníficas páginas previas) como la juvenil Olantern, Recolectores de Almas de Jeremías de Manuel (Editorial Universo).

      ¿Algún otro libro de autores "nuestros" que haya leído en 2013? Pues sí, dos más que no he llegado a encajar en los anteriores apartados: Los Caídos de Magnus Dagon, que recopila todas las entregas de este cómic/serial/novela por entregas que ya había ido apareciendo previamente en el blog de su autor, y La Musa. Novela de una Obsesión de Enrique Cabrera Cebrero, que caería dentro de los límites del género negro, aunque con un enfoque muy particular.

     Muy bien, pues hasta aquí los libros nacionales de este año, que como ya decía han sido muchos, pero no los únicos que me han acompañado en mis largas horas de transporte público para ir y volver del trabajo (el tren y el autobús son mis espacios predilectos a la hora de devorar libros). Por ejemplo, en 2013 he leído las últimas novelas de Dan Simmons, autor que venero desde que descubrí sus sagas de Hyperion/Endymion e Illyon/Olympo (auténticas maravillas de la ciencia ficción -Endymion no tanto, pero dejémoslo así-), y que en los últimos tiempos parece decantarse más por el género histórico aunque con toques sobrenaturales; estas novelas han sido El Terror y La Soledad de Charles Dickens (titulada simplemente Drood en su versión original). Mientras que la primera me ha encantado y no se me ha hecho pesada en ningún momento a pesar de su extensión y pasajes más descriptivos (recomiendo su lectura sin reservas), la segunda ha sido harina de otro costal: no la considero mala y se lee razonablemente bien, pero me ha decepcionado un poco. Y ya que hablamos de novelas cuya acción transcurre en el siglo XIX, señalar que este año he leído otros dos libros de la misma época, escritos por un autor no precisamente contemporáneo de Simmons: hablo de Edgar Allan Poe y de su Narración de Arthur Gordon Pym y The Complete Poetry of Edgar Allan Poe (en versión original). La primera resulta quizá algo densa, y no alcanza los niveles de excelencia que puedan hallarse en sus Cuentos, pero en cualquier caso, una buena novela; la segunda... vale, lo admito: la poesía de Poe en su idioma natal me ha resultado realmente difícil de seguir, así que al final me limité a leer los poemas más famosos (The Raven, Annabel Lee...) y dejé pasar el resto; pero oye, si alguien controla el idioma hasta el punto de poder leerlo entero sin problemas, totalmente recomendable.

      Este año también he leído libros "de cine", destacando el apabullante (por la cantidad de información que incluye) pero no por ello menos fascinante Cómo se hizo Blade Runner: Futuro en negro de Paul M. Sammon. Una auténtica pasada que es imposible que te deje duda alguna sobre todo lo que rodeó a la adaptación de la novela de Philip K. Dick; y ya que menciono a este autor, aprovecho para apuntar que otro de mis libros del 2013 ha sido Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, donde Dick quizá no esté tan brillante como en Ubik o El hombre en el castillo, pero en cualquier caso me ha gustado mucho. Pero estábamos hablando de libros "de cine", y de este tipo también he leído Las réplicas más divertidas del cine de Jean-Claud Brialy, cuyo título no lleva a engaño y principal virtud es que te deja con muchísimas ganas de ver (o revisitar) infinidad de clásicos cinematográficos. Por último, incluyo también en este apartado Los niños del Brasil de Ira Levin que tuvo una exitosa adaptación hace una buena cantidad de años, y cuyo principal defecto, en mi opinión, es que la mayor sorpresa que esconde su argumento no resulta nada sorprendente a estas alturas, pero en fin, si uno consigue hacer un ejercicio de abstracción, y se pone en el lugar de un lector que leyera esta novela hace unos cuarenta años, seguramente valorará de forma más adecuada lo que debió de suponer entonces.

      Seguidamente, toca mencionar dos decepciones: El Último Deseo de Andrzej Sapkowski, primera entrega de la aclamada Saga de Geralt de Rivia y que a mí me ha dejado más frío que un pez, y la antología de relatos de Neil Gaiman, El Cementerio sin lápidas y otras historias negras, que no es que esté mal del todo, pero desde luego no es imprescindible. Ambos se dejan leer y también olvidar.

      Y para terminar, hablemos de libros "serios" (de ésos que puedes mencionar en una charla con gente culta sin temor a que te señalen gritando: ¡friki!). De éstos, han caído en mis manos Libertad de Jonathan Franzen, que realmente se merece todas las críticas positivas que acumula (una auténtica pasada de libro); Tokio Blues de Haruki Murakami, primer y probablemente último libro que leo de este autor, porque no me ha gustado nada (la sobreexposición de vida interior de sus personajes ha podido conmigo); Orlando de Virginia Woolf, en este caso una relectura, así que sabía que iba sobre seguro (con esta autora uno siempre va sobre seguro, de todos modos); y Pedro Páramo y El llano en llamas de Juan Rulfo en un único volumen, que también he disfrutado mucho (la novela ya la había leído hace años, pero la recopilación de cuentos ha sido todo un descubrimiento).

      Y hasta aquí hemos llegado, amigos. En realidad, podrían haber sido 33 libros si hubiera concluido ya las cien páginas que me faltan para terminar El viento por la cerradura de Stephen King (una novela perteneciente a la Saga de la Torre Oscura), pero como estos días no he podido ni acercarme a ella, tendrá que entrar en la cuenta del 2014 (eso sí, por lo que llevo leído la recomiendo sin dudarlo).

      Espero no haber aburrido a nadie en demasía con esta entrada (si es que aún queda alguien ahí leyendo este texto). Sólo me resta despedirme confiando en que pasen ustedes un 2014 de lo más interesante... ¡leyendo libros!

miércoles, 13 de noviembre de 2013

"Olantern, Recolectores de Almas" de Jeremías de Manuel


      Olantern, Recolectores de Almas es la primera novela de Jeremías de Manuel, publicada hace tan solo unos meses por la joven Editorial Universo. Una novela dirigida a un público principalmente juvenil, aunque no por ello vedada a lectores más maduritos abiertos a disfrutar de una historia con vocación de “para todas las edades”.


      Olantern es una novela que respeta los aspectos más característicos de la literatura juvenil, situando a un adolescente como protagonista de una historia de iniciación en la que los elementos sobrenaturales van a representar un papel muy importante, aunque sin permitir que éstos la enmarquen dentro del género de terror, circunstancia que la hubiera alejado de su público objetivo. Una historia de estructura argumental sencilla que avanza a golpe de diálogos, escrita con un lenguaje muy cercano que no dificultará el acceso a sus jóvenes lectores; una historia que se plantea sobre todo como una introducción al mundo y personajes creados por este autor, para una vez mostradas buena parte de sus cartas y situados los protagonistas en el punto argumental en el que comienza la acción “de verdad”, sorprendernos con un antipático "continuará" (antipático porque nos obliga a esperar unos cuantos meses hasta que salga a la venta la segunda parte de esta novela).

      Aficionado como soy a este tipo de literatura (ahora mismo me viene a la memoria lo mucho que disfruté con El Libro del Cementerio de Neil Gaiman, por poner un ejemplo), puedo afirmar que Olantern ofrece una interesante historia en la que espíritus y otros entes más oscuros se entremezclan con los vivos en un mundo que vendría a ser como el nuestro pero mucho más rico en realidades sólo visibles para unos pocos elegidos. Un mundo que conocemos a través de los ojos de nuestro joven protagonista, Daniel, con el que resulta muy fácil identificarse (aún más aquellos que ronden su edad) mientras descubrimos al mismo tiempo que él toda una serie de nuevos conceptos; y por supuesto, no estaremos solos en esta iniciación, puesto que nos acompañará un grupo de personajes no demasiado numeroso, aunque muy bien definido. Me ha gustado mucho el trabajo de caracterización que realiza Jeremías, destacando a mi parecer el tratamiento que hace de Roxan (con la que es imposible no sentirse “encandilado”) y del abuelo de Daniel, a pesar de que éste represente un papel más secundario.

      La novela se lee rápidamente, fomentada esta circunstancia por el uso predominante de los diálogos, y sobre todo en su recta final, engancha por una serie de hechos que por fin se revelan y que dirigen directamente al final abierto que nos va a dejar con todas las ganas de continuar leyendo. Sin embargo, me he encontrado con un detalle negativo que pienso que desluce un poco el conjunto, y es que a pesar de comenzar la historia con muy buen ritmo, lanzándose sin muchos preámbulos al "tema", desde el momento en que el protagonista, Daniel, es consciente de su nueva situación, el autor enlaza numerosas escenas de diálogo que ocuparán buena parte del libro hasta más o menos el último cuarto, en las que nos cuenta todo lo que debemos (y queremos) saber sobre el "contexto" en el que van a moverse los personajes. Un recurso que no ha terminado de convencerme por: 1) la sucesión de escenas basadas en el diálogo donde se van desgranando todos los misterios es, en mi opinión, excesiva sin la inserción de otras más "movidas" que quizá hubieran otorgado mayor variedad y agilidad a la lectura; 2) como lector, uno quiere saberlo todo sobre este mundo oculto que se nos presenta, pero pienso que hubiera sido mejor dosificar un poco más la información para ir acrecentando nuestra curiosidad antes de que por fin  fuera satisfecha; y 3) lo que considero más importante: en esta parte del libro, más sosegada, realmente no existe ningún conflicto que mueva la historia; acompañamos al protagonista en su "inmersión" en ese nuevo mundo y lo conocemos mejor a él y sus compañeros, pero aún no existe nada en el horizonte que nos preocupe, que cree tensión o nos haga desear pasar las páginas aún más rápido; como ya decía antes, la historia se lee muy bien, y no se llega a perder el interés por ella en ningún momento, pero he echado en falta que la aparición de esos elementos dramáticos que van a marcar la acción de la novela no hicieran acto de presencia antes de lo que lo hacen.

      Por lo demás, concluida la lectura de esta primera parte, todo está listo ya para que en la segunda entrega, Jeremías nos sumerja sin "manguitos" en las profundidades de este mundo que se nota ha elaborado con detalle, y que estoy seguro que aún guarda muchas sorpresas.