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domingo, 9 de febrero de 2014

Los 4 Fantásticos: Doom War (Action Tales)


      Hace unos meses presentaba en una de las primeras entradas de este blog al Universo MDC-717 de Action Tales (realidad alternativa en la que conviven todos los personajes Marvel y DC, juntos pero no revueltos), aprovechando la misma para indicar los diferentes números (de diferentes series) en los que este universo aparece como protagonista absoluto de la historia (para conocer más datos, consultar aquí).

      Mi participación en todas las historias que forman parte de este subsello de Action Tales ha venido marcada, sin duda, por la diversión a la hora de mezclar la mayor cantidad de conceptos Marvel y DC posibles sin ningún tipo de complejo, así como por la búsqueda de la aventura total en relatos de ritmo frenético con pocas pausas para recuperar el aliento. La verdad es que no sé si conseguí cumplir mi objetivo en todos los casos, pero de lo que sí estoy seguro es de que la mini-saga de dos números Doom War que escribí para Los 4 Fantásticos #12 y #13 fue lo más cerca que estuve de lograrlo (con la ayuda de Juan Andrés Campos, autor de las dos portadas correspondientes).

  Así, con la excusa de que Francisco Corbacho, autor de los once números anteriores de la serie, había concluido su último episodio con el Doctor Extraño de un universo paralelo pidiendo la ayuda de los 4 Fantásticos (varados en el Limbo) para derrocar al Doctor Muerte de su mundo, planteé una historia en dos partes en la que introduje los elementos más molones que uno pueda introducir en un relato (de manera argumentalmente justificada, por supuesto): viajes a realidades alternativas, viajes en el tiempo, magia, el Doctor Muerte, Batman, zombis, ¡y Reed Richards metido por el culo de un Capitán Britania ameboide! (con fines terapéuticos). O sea... ¿qué más se podía pedir?

      Como suelo hacer en estos casos, aquí os presento el comienzo de la primera parte de Doom War, con el sano objetivo de picar a algún incauto para que siga leyendo la historia:

     -¡Es la hora de las tortas! –gritó la Cosa lanzando un fuerte puñetazo contra el rostro del Capitán Britania, que hizo que éste atravesara la gruesa pared metálica del Anexo de Comunicaciones.
     -¡Ve tras él, Ben! –intervino la Mujer Invisible, concentrada en mantener la integridad de su campo de fuerza. -¡No permitas que se acerque a Reed de nuevo!-.
      -Eso está hecho, Sue-.
     Dicho lo cual, el héroe de piel rocosa saltó hacia la sala contigua, a través del agujero abierto por Brian Braddock.
   Meggan, que había permanecido en un segundo plano mientras su marido asumía la responsabilidad de sancionar aquella infracción transdimensional, cambió entonces de forma para convertirse en una amenazadora criatura de alas correosas que voló directamente hacia donde yacía el cuerpo indefenso de Mr. Fantástico.
      -¡Johnny! –gritó ahora la Mujer Invisible con la frente perlada por el sudor.
     Exclamando su habitual ¡llamas a mí!, la Antorcha Humana interceptó a Meggan en mitad de su trayectoria, y como respuesta, la mutante inglesa transmutó su piel en una aleación orgánica de material ignífugo, para enzarzarse seguidamente en una violenta pelea contra el miembro más joven de los 4 Fantásticos.
       Susan Storm volvió entonces a centrar todos sus esfuerzos en mantener la estabilidad corporal de su marido, que se encontraba a su lado conectado a una enorme maquinaria cúbica, a través de una serie de cables insertos directamente en su cabeza. Reed Richards se retorcía presa de las convulsiones, de forma que sólo el campo de fuerza que había creado la Mujer Invisible a su alrededor conservaba ya su apariencia humana.
     A un metro por encima de sus cabezas, una pantalla digital mostraba la palabra “Descargando...”, seguida de un porcentaje que incrementaba lentamente su valor: 84%... 86%... 88%...
       Lo cierto era que la situación se le había ido de las manos al cuarteto fantástico, y lo que en un principio debía haber sido una breve incursión en aquella realidad alternativa para recabar información, había degenerado en un conflicto interdimensional con la llegada pocos minutos antes del Capitán Britania y su esposa Meggan; ambos autóctonos de este universo.
        -Este enfrentamiento no nos lleva a ningún lado, Grimm –trató de hacerse escuchar Brian Braddock mientras seguía intercambiando golpes con la Cosa en el interior de lo que parecía ser una amplia sala de reuniones. A su derecha, el ventanal que ocupaba toda una pared de la estancia les mostraba el árido paisaje lunar bajo la impresionante imagen de la Tierra suspendida en la negrura del firmamento estrellado.
      -Tienes razón, rubiales. Si os largáis por donde habéis venido, ni siquiera os guardaré rencor –contestó la Cosa agarrando uno de los muchos sillones esparcidos por el suelo (uno con la silueta de un murciélago grabada en su parte posterior), para estamparlo contra el torso de su oponente. Como consecuencia, el Capitán Britania salió disparado hacia una mesa circular de grandes proporciones colocada en el mismo centro de la sala, en cuya superficie habían seregrafiado un vistoso logotipo con tres siglas.
      Brian Braddock se levantó rápidamente sacudiéndose el polvo y las astillas de madera que se habían posado sobre su uniforme:
     -Tu resistencia no hace sino agravar la situación, Grimm. Esta realidad ha sido declarada en cuarentena por la mismísima Roma, Guardiana Omniversal, y no está permitida ni la entrada ni salida de ella. Como ya os he dicho antes, debéis acompañarme a Otromundo para responder de vuestro delito-.
      -¿Delito? Hemos venido hasta aquí para liberar a este mundo de la dictadura de Muerte, y de paso, patearle el culo al viejo Víctor. ¿Eso es un delito?-.
       -Ben Grimm de Tierra 616: estoy seguro de que vuestras intenciones son nobles, pero no sabéis a qué os enfrentáis. El Dr. Muerte de esta realidad se ha hecho demasiado poderoso, y representa una amenaza para todo el Omniverso. Este mundo ya se ha perdido; no permitiremos que otros le sigan-.
        -Pierdes el tiempo conmigo, Capi. No soy Reed, y no vas a convencerme de nada con esas teorías sobre el equilibrio cósmico y demás zarandajas. Para mí, todo esto se reduce a una cuestión muy sencilla: Muerte ha sacado los pies del tiesto, y nosotros vamos a darle de hostias hasta que vuelva a meterlos dentro. Punto y final –concluyó la Cosa arremetiendo otra vez contra Brian Braddock, que ya le esperaba en posición de combate.
         Mientras tanto, la pelea entre la Antorcha Humana y Meggan crecía en intensidad a pocos metros de distancia, en el Anexo de Comunicaciones. La multiforme se encontraba cada vez más cerca de Reed y Sue, cambiando constantemente de forma para tratar de aturdir a la Antorcha con un repertorio casi infinito de apariencias, que sólo conservaban la piel ignífuga como característica común.
        El porcentaje del panel digital seguía ascendiendo paulatinamente, hasta que por fin...
         ... 96%... 98%... 100%. Descarga completada.
       -¡Stephen! –gritó la Mujer Invisible de inmediato, mientras tomaba en sus brazos el cuerpo repentinamente fláccido de su marido.
        Acto seguido, surgió un disco de brillante luz blanca bajo cada uno de los miembros de los 4 Fantásticos, transportándolos muy lejos de aquella realidad.
        Brian Braddock se reunió entonces con Meggan junto a la maquinaria cúbica donde hasta hacía sólo unos instantes había estado conectado Reed Richards.
        -Han huido al Limbo –sentenció el Capitán Britania leyendo los datos ofrecidos por un pequeño dispositivo que llevaba sujeto a la muñeca izquierda.
     -En ese caso se encuentran fuera de nuestra jurisdicción, Brian –apuntó la multiforme. -¿Qué hacemos ahora?-.
         -Volver a Otromundo e informar a Roma de lo ocurrido. Debemos prepararnos para el regreso de Richards 616 y su grupo-.
        Segundos después, la pareja de mutantes ingleses abandonaba también la Atalaya de la Liga de la Justicia.

Continúa en Los 4 Fantásticos #12 (y después, en el #13)

lunes, 30 de diciembre de 2013

Repaso a mis lecturas del 2013

      El año se acaba y si por algo se caracterizan estas fechas, además de por el exceso de comida, alcohol y ñoñería, es por ese deseo incontrolado de hacer balance sobre lo que se ha hecho o sufrido durante los últimos doce meses. Aplicado a la lectura, este deseo se traduce en muchas ocasiones en la elaboración de Tops (5, 10 o 12) en los que se recomienda y/o comenta los mejores libros que uno ha leído durante el año que termina, y lo cierto es que yo también me propuse hacer algo parecido; sin embargo, a la hora de abordar semejante empresa, reconozco que me he sentido incapaz de ensalzar unas lecturas sobre otras, por lo que finalmente he decidido limitarme a hacer un repaso general de todos los libros que han pasado por mis manos durante estos meses (incluyendo cuando corresponde los enlaces a las reseñas que ya he escrito sobre algunos de ellos).

      En total, he leído 32 libros durante el año 2013 (algunos me han acompañado durante uno o dos meses, otros me los he ventilado en un día), y si tuviera que destacar una característica de mi actividad lectora durante este año, ésa sería sin duda mi inmersión en la literatura nacional más "joven" y "de género" (terror, pulp, ciencia ficción...), gracias a la decidida actividad de editoriales también jóvenes como Dlorean Ediciones, Tyrannosaurus Books, Editorial Universo o Kelonia Editorial (por mencionar aquellas de las que he leído libros este año, pero que no están ni mucho menos solas en esto). Y es que si el año pasado comencé a darle una oportunidad a este tipo de literatura autóctona con las antologías Actos de Venganza (de Tony Jiménez) o Arkham, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books, este año he leído nada menos que 18 libros (más de la mitad del total) susceptibles de ser marcados con esta etiqueta. No está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que en dos casos, no sólo me he limitado a comprar y leer estos libros, sino que además he favorecido su publicación gracias al sistema de crowdfunding organizado por la página de Verkami, motivo por el que tanto la antología Érase una veZ de Kelonia Editorial como La Frati Nigra del autor Lem Ryan llevan impreso mi nombre como uno de los numerosos microfinanciadores que las han hecho posibles (motivo de orgullo para mí, cómo no).

     Sin alejarme de la producción de autores nacionales, este año 2013 ha supuesto para mí el descubrimiento del pulp y el steampunk, un multigénero y subgénero respectivamente, que apenas había probado anteriormente, y de los cuales he catado suficientes (y sabrosas) muestras durante estos últimos meses. De esta forma, y en lo que al pulp se refiere, he podido disfrutar con la primera novela de Miguel Ángel Naharro, La Maldición de la Diosa Araña y la antología Action Tales, ambas publicadas por Dlorean Ediciones, mientras que mi "estreno" con el steampunk ha venido de la mano de otras dos antologías, Ácronos (Tyrannosaurus Books) y Steam Tales, además de la novela La Máquina del Juicio Final de Raúl Montesdeoca (estas dos últimas de Dlorean Ediciones); un "estreno" más que satisfactorio que me ha animado a pillarme recientemente otra novela enmarcada dentro de este subgénero que ya reseñaré en su momento. ¿Y de ciencia ficción más clásica? Pues también he tenido la oportunidad de leer un par de libros autóctonos de este tipo: El Columpio Negro de Lluís Rueda (Tyrannosaurus Books) y Panteón de Carlos Sisí (Minotauro), ambos muy recomendables aunque compartan, a mi ver, un mismo defecto: el último tercio de la novela, aunque correcto, no está del todo a la altura de los dos tercios anteriores, sobresalientes en mi opinión.

      A continuación, toca mencionar mis lecturas hispanas de género de terror o sobrenatural, sin duda muy bien representadas en la lista de este año. Para empezar, ahí han estado las dos primeras novelas de Tony JiménezCinco Tumbas sin Lápida y Drácula vs La Momia: Batalla por Chicago, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books, y aunque con enfoques (y propuestas) muy diferentes, igualmente disfrutables; y como segunda entrega de esa línea Monsters Unleashed lanzada por esta editorial (la primera fue el Drácula vs La Momia ya mentado), la segunda novela de Miguel Ángel NaharroDrácula y los Crímenes de Jack el Destripador, todo un divertimento sangriento con sus toques steampunk. Aparte, también he disfrutado con la lectura de la ya mencionada La Frati Nigra, muy bien acompañada por esas otras dos novelas cortas de Lem Ryan que han sido publicadas a raíz del mismo proyecto de crowdfundingKatham y las Sombras del Caos y Cazadores de Vampiros. Y finalmente, y adscritas como las anteriores al género sobrenatural, mencionar también lo mucho que me han gustado tanto El Camino de Baldosas Amarillas de Juan de Dios Garduño (aunque tal y como decía anteriormente sobre El Columpio Negro y Panteón, pienso que la recta final del libro no hace justicia a sus magníficas páginas previas) como la juvenil Olantern, Recolectores de Almas de Jeremías de Manuel (Editorial Universo).

      ¿Algún otro libro de autores "nuestros" que haya leído en 2013? Pues sí, dos más que no he llegado a encajar en los anteriores apartados: Los Caídos de Magnus Dagon, que recopila todas las entregas de este cómic/serial/novela por entregas que ya había ido apareciendo previamente en el blog de su autor, y La Musa. Novela de una Obsesión de Enrique Cabrera Cebrero, que caería dentro de los límites del género negro, aunque con un enfoque muy particular.

     Muy bien, pues hasta aquí los libros nacionales de este año, que como ya decía han sido muchos, pero no los únicos que me han acompañado en mis largas horas de transporte público para ir y volver del trabajo (el tren y el autobús son mis espacios predilectos a la hora de devorar libros). Por ejemplo, en 2013 he leído las últimas novelas de Dan Simmons, autor que venero desde que descubrí sus sagas de Hyperion/Endymion e Illyon/Olympo (auténticas maravillas de la ciencia ficción -Endymion no tanto, pero dejémoslo así-), y que en los últimos tiempos parece decantarse más por el género histórico aunque con toques sobrenaturales; estas novelas han sido El Terror y La Soledad de Charles Dickens (titulada simplemente Drood en su versión original). Mientras que la primera me ha encantado y no se me ha hecho pesada en ningún momento a pesar de su extensión y pasajes más descriptivos (recomiendo su lectura sin reservas), la segunda ha sido harina de otro costal: no la considero mala y se lee razonablemente bien, pero me ha decepcionado un poco. Y ya que hablamos de novelas cuya acción transcurre en el siglo XIX, señalar que este año he leído otros dos libros de la misma época, escritos por un autor no precisamente contemporáneo de Simmons: hablo de Edgar Allan Poe y de su Narración de Arthur Gordon Pym y The Complete Poetry of Edgar Allan Poe (en versión original). La primera resulta quizá algo densa, y no alcanza los niveles de excelencia que puedan hallarse en sus Cuentos, pero en cualquier caso, una buena novela; la segunda... vale, lo admito: la poesía de Poe en su idioma natal me ha resultado realmente difícil de seguir, así que al final me limité a leer los poemas más famosos (The Raven, Annabel Lee...) y dejé pasar el resto; pero oye, si alguien controla el idioma hasta el punto de poder leerlo entero sin problemas, totalmente recomendable.

      Este año también he leído libros "de cine", destacando el apabullante (por la cantidad de información que incluye) pero no por ello menos fascinante Cómo se hizo Blade Runner: Futuro en negro de Paul M. Sammon. Una auténtica pasada que es imposible que te deje duda alguna sobre todo lo que rodeó a la adaptación de la novela de Philip K. Dick; y ya que menciono a este autor, aprovecho para apuntar que otro de mis libros del 2013 ha sido Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, donde Dick quizá no esté tan brillante como en Ubik o El hombre en el castillo, pero en cualquier caso me ha gustado mucho. Pero estábamos hablando de libros "de cine", y de este tipo también he leído Las réplicas más divertidas del cine de Jean-Claud Brialy, cuyo título no lleva a engaño y principal virtud es que te deja con muchísimas ganas de ver (o revisitar) infinidad de clásicos cinematográficos. Por último, incluyo también en este apartado Los niños del Brasil de Ira Levin que tuvo una exitosa adaptación hace una buena cantidad de años, y cuyo principal defecto, en mi opinión, es que la mayor sorpresa que esconde su argumento no resulta nada sorprendente a estas alturas, pero en fin, si uno consigue hacer un ejercicio de abstracción, y se pone en el lugar de un lector que leyera esta novela hace unos cuarenta años, seguramente valorará de forma más adecuada lo que debió de suponer entonces.

      Seguidamente, toca mencionar dos decepciones: El Último Deseo de Andrzej Sapkowski, primera entrega de la aclamada Saga de Geralt de Rivia y que a mí me ha dejado más frío que un pez, y la antología de relatos de Neil Gaiman, El Cementerio sin lápidas y otras historias negras, que no es que esté mal del todo, pero desde luego no es imprescindible. Ambos se dejan leer y también olvidar.

      Y para terminar, hablemos de libros "serios" (de ésos que puedes mencionar en una charla con gente culta sin temor a que te señalen gritando: ¡friki!). De éstos, han caído en mis manos Libertad de Jonathan Franzen, que realmente se merece todas las críticas positivas que acumula (una auténtica pasada de libro); Tokio Blues de Haruki Murakami, primer y probablemente último libro que leo de este autor, porque no me ha gustado nada (la sobreexposición de vida interior de sus personajes ha podido conmigo); Orlando de Virginia Woolf, en este caso una relectura, así que sabía que iba sobre seguro (con esta autora uno siempre va sobre seguro, de todos modos); y Pedro Páramo y El llano en llamas de Juan Rulfo en un único volumen, que también he disfrutado mucho (la novela ya la había leído hace años, pero la recopilación de cuentos ha sido todo un descubrimiento).

      Y hasta aquí hemos llegado, amigos. En realidad, podrían haber sido 33 libros si hubiera concluido ya las cien páginas que me faltan para terminar El viento por la cerradura de Stephen King (una novela perteneciente a la Saga de la Torre Oscura), pero como estos días no he podido ni acercarme a ella, tendrá que entrar en la cuenta del 2014 (eso sí, por lo que llevo leído la recomiendo sin dudarlo).

      Espero no haber aburrido a nadie en demasía con esta entrada (si es que aún queda alguien ahí leyendo este texto). Sólo me resta despedirme confiando en que pasen ustedes un 2014 de lo más interesante... ¡leyendo libros!

viernes, 20 de diciembre de 2013

La Tercera Vía & Escenas de Matrimonio (Action Tales)

      El Umbral de la Noche es una serie de la Línea Arkham House de la sección Encrucijada en Action Tales que cuenta con nada menos que 26 números y un anual en su haber, y que ofrece todo tipo de relatos de terror y género fantástico. Una serie por la que han pasado una buena cantidad de autores (la mayor parte de sus números recogen hasta dos relatos cada uno), yo mismo incluido, con las que han sido las únicas historias no-fanfiction que he escrito para Action Tales.

      De esta forma, en El Umbral de la Noche #11 publiqué dos mini-relatos bajo el título común de Dos consideraciones sobre el sentido, que dicho sea de paso, creo que no han envejecido demasiado bien; y poco después, en El Umbral de la Noche #13, otros dos relatos con los que sí que sigo muy contento a día de hoy, y que de hecho suelen ser los primeros que dejo a cualquiera que me pide leer algo escrito por mí: La Tercera Vía y Escenas de Matrimonio.

      A continuación, incluyo el principio de La Tercera Vía, que como quizá descubráis, da comienzo con un pequeño homenaje a uno de mis libros favoritos, La señora Dalloway de Virginia Woolf, parafraseando su famoso: "La señora Dalloway decidió que compraría las flores ella misma".

      Con todos ustedes, La Tercera Vía:

      La señora Halloway decidió que compraría las chirimoyas ella misma.
    Así que ni corta ni perezosa, saltó de la cama con una energía impropia de su edad; con tan mala suerte, que tropezó con el orinal que reposaba junto a sus zapatillas, y fue a dar de cabeza contra la esquina del tocador.
     Lamentablemente, murió en el acto.
    -Qué forma más estúpida de morir –reflexionó en alto para sí misma, observando su cuerpo caído sobre el suelo del dormitorio. Si bien es cierto que no tiene mucho sentido decir que reflexionó en alto para sí misma, cuando: 1) estaba muerta, y 2) los muertos no hablan en alto (en todo caso, cuchichean).
    Valga decir entonces, que el espectro de la señora Halloway pronunció estas palabras en lo que ella pensaba que sería un volumen alto, a pesar de que no llegó a abrir la boca siquiera.
    -Ninguna muerte es estúpida, si llega en el momento oportuno –sentenció una voz masculina a su espalda (espalda espectral).      
     Con cierto sobresalto, la recién fallecida se volvió hacia el origen de la voz encontrando, con no poca sorpresa, a una pareja de jóvenes elegantemente vestidos con trajes oscuros, muy sobrios, como de empleados de una funeraria.
    -¿Quiénes son ustedes? ¿Y cómo han entrado en mi casa? –preguntó con suspicacia, sin pararse mucho a pensar en lo ridículo que resultaba preocuparse por aquellas cuestiones en su actual situación.
     El hombre, de pelo moreno y rasgos poco definidos, sonrió antes de contestar, mostrando dos hileras de lo que parecían ser pequeñas piezas de porcelana.
     -Estimada señora… -.
   -…Halloway –apuntó su compañera en un susurro, tras hojear una diminuta libreta que llevaba guardada en el bolsillo de la chaqueta.
    -Señora Halloway, por supuesto –afirmó el otro con rotundidad. –Permítame que le entregue nuestra tarjeta-.
   La desconcertada mujer-espectro recibió de manos del joven una tarjeta rectangular de material flexible, similar al cuero, y color verde oscuro. En ella, pudo leer las siguientes frases escritas con letras doradas:
     “Ni Cielo, ni Infierno”. “Otro no-mundo es posible”. “Elija la Tercera Vía”.
    La señora Halloway giró la tarjeta, buscando en el reverso una posible explicación al texto. Al no hallarla, alzó de nuevo la vista hacia aquel hombre tan extraño, que la estaba importunando en un momento que, sin duda, se prestaba a otro tipo de encuentros y ceremonias.
     -¿Le importaría explicarme que significa esto, caballero?-.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Star Trek Voyager: Fisuras (Action Tales)

      La mayor parte de las historias que he escrito para Action Tales pueden enmarcarse dentro de la ciencia ficción, un género que siempre me ha gustado y con el que me siento muy cómodo a la hora de ponerme a teclear delante de un ordenador. Ejemplos de este tipo de historias en la página (escritas por mí, quiero decir) podría poner muchos, pero hoy vengo a presentar la que considero más "pura" al no recurrir a toques de aventura o acción para "aligerar" el conjunto, como he hecho en otros tantos casos. 

      Star Trek Voyager es una de las aportaciones más importantes de Miguel Ángel Naharro (Doc Banner) a la página de Action Tales; una serie para la que ha escrito un total de 27 números más dos anuales, estructurados en forma de temporadas que vendrían a continuar la serie de televisión allí donde se quedó. Y bueno, a pesar de no haber visto un solo capítulo de ST Voyager en mi vida, debo decir que me enganché rápidamente a las historias de Doc hasta el punto de que después de seguir las aventuras de la USS Voyager durante todos estos años, conozco a sus tripulantes como si no me hubiera perdido ninguna de sus temporadas televisivas.

      No es de extrañar por tanto que cuando Miguel Ángel me ofreció hace ya un tiempo la oportunidad de participar con algún relato corto en el que sería un muy especial #25 de la serie (número redondo, y además conclusión de una de sus sagas más ambiciosas: Las Guerras Borg), aceptara sin rechistar, y fue así como Fisuras apareció publicado como complemento de ese número, en el que sería mi único contacto hasta la fecha con el universo Star Trek.

      Fisuras es posiblemente mi relato menos complaciente con el lector, donde reconozco que mi objetivo principal fue darme el gusto de escribir una historia de ciencia ficción pura y sin concesiones, pero aún así siempre he confiado en que los amantes de este tipo de relatos también disfrutaran con él.

      La historia comienza tal que así:

    Reginald Barclay trató de reducir el ritmo acelerado de su respiración mientras caía lentamente hacia la superficie del pequeño planeta sin atmósfera. La distancia que separaba a la Delta Flyer II del suelo apenas superaba los doscientos metros, pero al ingeniero de diagnóstico de sistemas de la USS Voyager le resultaba muy difícil hacerse una idea de su avance, sumido como estaba en la oscuridad más absoluta.

      El planeta, poco mayor que la luna terrestre, orbitaba alrededor de una enana marrón, cuya luz tan débil como difusa era incapaz de proporcionar la visiblidad con que suele contar cualquier sistema planetario estándar. A medio camino entre una pequeña estrella y un gigante gaseoso de características similares a Júpiter, la enana marrón se mostraba como una modesta esfera iridiscente, apenas distinguible en el negro firmamento estelar.

      Mientras seguía cayendo en una gravedad cercana a cero, Reginald trató de localizar el lugar hacia el que se dirigía: un pequeño complejo científico situado al pie de una montaña de varios kilómetros de altura, que en circunstancias normales hubiera destacado en la penumbra planetaria, debido a las numerosas hileras de luces rojas y blancas que delimitaban su estructura semiesférica. Sin embargo, los focos de luz, al igual que los restantes dispositivos electrónicos con los que contaban aquellas instalaciones, habían interrumpido su actividad de forma simultánea tras el accidente.

     Reginald Barclay tocó suelo sin llegar a ver su destino en ningún momento. Por un instante miró hacia arriba, buscando alguna señal de la Delta Flyer II, pero la distancia que le separaba de la nave que le había traído hasta allí era demasiado grande como para que pudiera apreciar los débiles puntos de luz que marcaban su posición.

         -¿S-sigues ahí, T-Tom? –preguntó al transmisor incorporado en su traje.
       -Aquí sigo, Reggy –contestó el otro desde la Delta Flyer II. –¿Has llegado ya a la superficie?-.
        -S-sí, a-acabo de hacerlo. A-aún no veo n-nada, pero seguiré las indicaciones del dS-metro para guiarme-.
       -Ya sabes que el Invernadero 8 no debe estar a más de cinco minutos de donde te encuentras, Reginald-.
          -L-lo sé, Tom-.
           -Suerte compañero. A partir de ahora te quedas solo –concluyó Tom Paris.

         ¿Por qué ha tenido que decir eso?, pensó Reginald tragando saliva con dificultad.

      Reginald Barclay se detuvo entonces a observar la pequeña circunferencia de color verde que había aparecido en la parte interna de su visor nada más pisar el suelo del planeta: una delgada línea azul la cruzaba de parte a parte, variando su ángulo en función de la dirección hacia la que él girase la cabeza. Era el dS-metro, o contador de entropía, y en aquel momento era el único sistema que podía guiarle hasta el complejo científico que debía localizar.

Continúa en Star Trek Voyager #25