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viernes, 28 de febrero de 2014

"Sherlock Holmes y los zombis de Camford" de Alberto López Aroca

      No han sido pocos los libros que han ido surgiendo durante estos últimos años en los que los personajes más conocidos de la literatura universal cruzan sus caminos con el monstruo estrella de este comienzo de siglo XXI: el zombi. Desde recreaciones de los clásicos en las que se "remoza" el texto original con la inclusión de muertos vivientes por doquier, como es el caso de Orgullo y Prejuicio y Zombies (¡y ninjas!), hasta versiones más libres con diferente grado de fidelidad a la historia de partida, como las que podéis encontrar en la antología Érase una veZ que ya reseñé aquí.

      Nadie negará que Sherlock Holmes es uno de los personajes más populares que existen, no sólo de la literatura universal sino directamente del imaginario colectivo; uno de esos personajes que todo el mundo conoce aunque no haya leído ninguna de las historias que protagonizó, o incluso haya ignorado hasta la última de las películas o series de televisión en las que ha aparecido (que no han sido pocas). Sherlock Holmes es famoso y lo único que cabía preguntarse en este caso no era "si" sino "cuándo" iba a publicarse un libro en el que el mejor de los detectives compartiera escenario con estos entrañables monstruos (en castellano, porque en inglés ya existen varios ejemplos).

      A comienzos de 2011, Dolmen Editorial publicó dentro de su Línea Z la novela Sherlock Holmes y los zombis de Camford escrita por Alberto López Aroca, y ya de entrada, podéis ignorar los dos párrafos anteriores que he escrito a modo de introducción, de la misma forma que este autor ignoró cualquier idea preconcebida que pudiera hacerse algún lector incauto sobre lo que iba a encontrar en este libro. A pesar de lo que pueda indicar su título, ésta no es exactamente una novela "de zombis", y de hecho, ni siquiera "de Sherlock Holmes"; yo diría que por encima de todo, es una novela "de Alberto López Aroca", y todo lo demás gira alrededor de esta circunstancia.


      La historia que se cuenta en este libro se plantea como una continuación directa de uno de los relatos de Arthur Conan Doyle incluido en El Archivo de Sherlock Holmes: La aventura del hombre que reptaba. Un relato que no es necesario leer antes de abordar su lectura (el autor ya se encarga de resumir los hechos más importantes del mismo en el primer capítulo), pero que sin duda la enriquece (por no mencionar que cualquier excusa es buena para leer un relato de Sherlock Holmes escrito por Doyle). Y partiendo de los cabos sueltos que detectó Alberto en aquel relato, y dejando volar su imaginación (pero mucho), nuestro autor monta una fantástica (subrayemos este término) aventura en la que los zombis, algunos personajes clásicos del cómic británico y una conspiración militar/gubernamental campan a sus anchas acompañados por mil y una referencias literarias más que contribuirán a la construcción de una excelente (e intensa, y excesiva por momentos) historia que difícilmente dejará a nadie indiferente.

      ¿Qué puedo decir? Me ha encantado. Me gusta el comienzo, respetuoso con el planteamiento arquetípico que uno suele asociar a las aventuras protagonizadas por Sherlock Holmes. Me gusta el modo de introducir el elemento zombi asociándolo a una historia anterior de Doyle (y que por tanto forma parte del canon), bien justificado y con una presentación habitual en este tipo de relatos de infectados, aunque ligeramente transfigurada por el filtro victoriano. Me gusta la manera en que "salta el argumento por los aires" con la introducción a saco de los protagonistas de algunos de los cómics británicos más famosos, hasta el punto de relegar a los zombis (e incluso a Sherlock Holmes) a un segundo plano. Me encanta el narrador, Otis Mercer; he disfrutado muchísimo con la caracterización de este personaje ("La pobreza consigue que las peores pesadillas se hagan realidad; la riqueza consigue lo mismo, pero por encargo"), y pienso que se luce especialmente al interaccionar con el doctor Watson. Y por supuesto, me gusta cómo se enlaza todo al final haciendo confluir a los personajes en un explosivo fin de fiesta donde todos ellos representan el papel que tenían asignado, y nada queda sin resolver.

      Por otra parte, mientras que en Necronomicón Z (también de este autor, y ya reseñada aquí) sentí mientras leía que me estaba perdiendo la mayor parte de las referencias lovecraftianas incluidas (sin que esto se convirtiera en un impedimento para disfrutar de ella, eso sí), creo que en esta ocasión he pillado un porcentaje mucho mayor de las mismas, gracias a mi afición a la ciencia ficción de segunda mitad del siglo XIX, principios del XX, y al hecho de que yo crecí leyendo esos cómics cuyos personajes casi llegan a apoderarse de la presente novela. Sin duda, se me habrán escapado multitud de detalles que no habré sabido identificar (imposible captarlo todo en una novela de Alberto López Aroca), pero en este sentido, he quedado bastante satisfecho conmigo mismo.

      Si tuviera que señalar un defecto en Sherlock Holmes y los zombis de Camford, creo que el más evidente, en mi opinión, sería uno que considero ajeno a la novela en sí misma, pero no por ello menos importante: ni la línea editorial en la que fue encajada ni el título la ayudan lo más mínimo. El lector que empiece a leerla porque forma parte de la Línea Z y aparece el término zombi en el título, es más que probable que termine defraudado con el tipo de historia que se va encontrar aquí; y el lector que la elija por tratarse de un pastiche de Sherlock Holmes (si es que llega a superar su rechazo inicial a que un personaje tan querido por él -o ella- se mezcle con esos monstruos que están tan de moda), pues tampoco creo que encaje demasiado bien el modo en que esos advenedizos personajes de cómic que simbolizan el relevo generacional asociado a la llegada del nuevo siglo se hacen con la historia en detrimento de nuestro querido detective (como si los zombis no fueran ya suficientes roba-planos). Y bueno, si a esto le unimos el hecho de que estos personajes de cómic no son los más famosos del mundo precisamente y que quizá no resulten reconocibles para el lector medio, es más que probable que esa mezcla tan heterogénea (y excéntrica) que forman provoque el rechazo de algunas cándidas almas lectoras al encontrarse con ellos en mitad de la novela.

      En definitiva, y concluyendo ya esta reseña que podría alargar si quisiera analizar esta novela con más detalle (que no quiero, por el tiempo excesivo que esto me llevaría y porque prefiero que la descubráis vosotros mismos), recomiendo su lectura (absorbente y divertidísima) sin dudarlo, pero al mismo tiempo aprovecho para dejar aquí mi aviso para navegantes (lectores): olvidad vuestras expectativas al acercaros a Sherlock Holmes y los zombis de Camford y limitaos a dejaros llevar de la mano de Alberto López Aroca por ese mundo de fantasía desbordante y sin prejuicios que habita dentro de su cabeza. No os arrepentiréis.

viernes, 14 de febrero de 2014

"Vindius, el Guerrero del Norte" de Luis Guillermo del Corral

      Las novedades que ha ido publicando Dlorean Ediciones durante su primer año de vida han venido marcadas con el sello de tres líneas o colecciones diferentes: Savage (enfocada básicamente en sus historias más pulp), Tesla (¡steampunk!) y Ciudadela, en la que según la propia editorial encontraríamos historias protagonizadas por "rbaros temibles llegados del frío norte, magos oscuros, expertos nigromantes, enanos que horadan la tierra con sus enormes martillos, mujeres sensuales que manejan el arco como si hubieran nacido con uno en la mano…", o lo que viene a ser lo mismo: fantasía épica de la buena. El último libro publicado dentro de esta colección (hace apenas un par de meses) es el que vengo hoy a reseñar: Vindius, el Guerrero del Norte, escrito por Luis Guillermo del Corraluna de las más recientes incorporaciones a la página de Action Tales, en la que está destacando por su trabajo para la serie The Spider en colaboración con Jose Baixauli, precisamente el artista encargado de realizar también la portada de esta novela.


      En primer lugar, creo que no estaría de más aclarar que Luis Guillermo no lo tenía del todo fácil a la hora de "conquistarme" con su novela. Cuando era un chaval, los libros de Tolkien me aficionaron a la fantasía heroica hasta el punto de hacerme consumir productos afines de manera casi obsesiva, y aprovechando que la editorial Timun Mas hacía su agosto en aquellos años publicando trilogías de este tipo a mansalva, terminé dándome un atracón de elfos, dragones y demás criaturas que me dejó bastante saciado hasta (casi) la actualidad. Sin embargo, ni siquiera en mi época de mayor furor por este género me dio por acercarme a su vertiente más "cruda" o violenta, liderada (al menos en mi cabeza) por el archiconocido Conan, el bárbaro; así que supongo que esto explica por qué después de todos estos años, he afrontado la lectura de Vindius, el Guerrero del Norte, novela reivindicadora de la espada y brujería más genuina, con cierta reticencia, si no con evidentes prejuicios. Sin motivo, eso sí, como he podido comprobar posteriormente.

      La novela se estructura mediante capítulos que funcionan como relatos de lectura independiente (se trata de diferentes aventuras con su principio, desarrollo y conclusión), que sin embargo están interconectados, de manera que no resultan intercambiables y debe mantenerse el orden de lectura establecido por su autor. Este detalle, sumado al hecho de que la primera aventura que leemos es realmente la primera aventura de Vindius (y "origen" de nuestro protagonista) y que la última viene a cerrar lo que podríamos considerar una primera fase importante de su vida, demuestra que Luis Guillermo ha sabido dotar a este libro de una unidad narrativa de la que carecen otros libros con estructuras semejantes, defecto que suele resultarme algo molesto (libros en los que los relatos independientes protagonizados por un mismo personaje son totalmente intercambiables -la primera historia podría haberse colocado en último lugar y nadie se hubiera dado cuenta-, y que como consecuencia, al terminar el libro todo sigue igual que cuando lo empezaste).

      En cuanto a temática, el autor opta por emplazar las aventuras del héroe protagonista en un segmento espacio-temporal real (el norte de la península durante el comienzo de la ocupación romana), sin renunciar por ello a todos esos elementos fantásticos que caracterizan a este tipo de historias. Lo cual, aparte de hacer innecesaria la inclusión en el libro de uno de esos omnipresentes mapas que nunca faltan en toda novela de fantasía épica que se precie de serlo (¡desempolvad vuestros libros de geografía e historia si queréis saber por dónde se mueve Vindius!), le da cierto matiz "patrio" a las aventuras que aquí se cuentan, que a mí por lo menos me ha parecido muy original (como ya digo, no soy un lector habitual de este género, así que no sé si esto es algo que suela hacerse con frecuencia). Por lo demás, Luis Guillermo deja pocos "palos" sin tocar, lo que contribuye en gran medida a que el lector nunca se aburra con sus aventuras: criaturas mitológicas, dioses, brujas, zombis, hechiceros rencorosos, hombres lobo, ánimas perdidas, tribus salvajes, demonios... ¡e incluso viajes en el tiempo! En fin, una buena cantidad de historias entre las que destacaría aquella en la que se introducen elementos de la mitología nórdica de forma muy acertada, a mi parecer (con especial interés en unos elementos muy concretos que yo mismo utilicé en un relato que escribí hace años para Action Tales). 

      Por último, señalar que el estilo del autor no es del tipo sencillo y de consumo rápido, en el que se prima lo que se está contando sobre el cómo se cuenta, sino que se inclina por el uso de cierto barroquismo y lenguaje grandilocuente, que no rehuye ni las metáforas ni las descripciones ricas en numerosos adjetivos, de ésos que pocas veces se emplean en una conversación mundana. Un estilo que, reconozco, tras la lectura de las primeras páginas (unido a lo que ya comentaba antes sobre mi poca predisposición hacia este tipo de literatura), me hizo pensar que el libro podía hacérseme un poco "cuesta arriba" y que no llegaría a engancharme del todo; pero no, mis temores iniciales resultaron ser totalmente infundados, y una vez "hecho" a la forma de narrar de Luis Guillermo (y comprobado que este uso del lenguaje no afectaba al ritmo de la narración en modo alguno) puedo afirmar ahora que he disfrutado mucho con esta colección de relatos.

      En definitiva... ¿qué hemos aprendido hoy? Pues, por ejemplo, que no siempre puedes saber de antemano lo que va a gustarte o no, y aunque los "filtros" que uno establece para sí mismo pueden resultar útiles para evitar horas de tedio provocadas por lecturas que ya intuías que no te iban a gustar, a veces (pues ningún filtro es fiable al cien por cien) te alejan de obras que merece mucho la pena conocer de primera mano, y sin duda, Vindius, el Guerrero del Norte ha sido para mí una de esas obras (y me alegro mucho de que los haya sorteado).   

Así que ya sabéis: si os atrae la espada y brujería, a por ella, y si no... pues también.

sábado, 8 de febrero de 2014

"La Habitación 352" de Juan José Díaz Téllez

      La Habitación 352 de Juan José Díaz Téllez ha sido el primer libro en formato digital que he leído y que ha tenido el honor (es un decir) de estrenar la tablet que me regalaron la pasada Navidad; una novela corta (aunque por extensión casi podría considerarse un relato largo) editada por Scyla eBooks, y disponible por menos de 1 euro en diferentes tiendas virtuales. La verdad es que yo sigo prefiriendo el papel a una pantalla a la hora de disfrutar de un texto literario (con la segunda se pierde la aportación que ofrecen de los sentidos del olfato y el tacto a la experiencia lectora), pero también es cierto que los ebooks presentan una serie de ventajas que tampoco hay que ignorar (precio e independencia frente a las editoriales son dos buenos ejemplos).


      Los hoteles, y más concretamente las habitaciones más "chungas" de los hoteles, suelen dar mucho juego en las historias de terror (supongo que El Resplandor es la primera referencia que se le vendrá a todo el mundo a la cabeza) y esta novela es una buena muestra de ello; si bien es cierto que a pesar de lo que pueda parecer en un principio, el argumento tira más por la vertiente fantástico-sobrenatural que por el terror propiamente dicho (aunque alguna escena desasosegante incluye también). Un enfoque totalmente válido, por supuesto, pero que me ha decepcionado un poco, supongo que porque iba predispuesto a pasar un poco de miedo leyendo la novela y no ha sido esto exactamente lo que he encontrado.

      La historia se lee en un suspiro, debido en gran medida al estilo directo y nada barroco que emplea su autor (rozando lo espartano; probablemente, no le hubiera ido mal que Juan José se hubiera recreado un poco más en las descripciones) y a que el argumento no podría ir más al grano: pocos personajes implicados, la acción limitada prácticamente a las paredes del hotel donde todo transcurre y un período de tiempo de apenas unos días para su desarrollo. Predominancia de los diálogos, capítulos cortos y adelante, siempre adelante, sin detenerse demasiado en los recovecos ni plantear subtramas que pudieran ir en paralelo.

      Lo que más me ha gustado de esta novela ha sido el modo en el que se va preparando el terreno, mientras nuestro protagonista busca esa habitación que tanto necesita encontrar (y eso que en el proceso, que ocupa la primera mitad de la historia, apenas se introducen elementos fantásticos o de terror), junto con el momento en el que por fin descubre su puerta (muy efectivo); a lo cual añadiría esa dilación que emplea el autor a la hora de desvelar lo que de verdad ocurre en la habitación, de manera que la primera vez que entra en ella no conseguimos averiguar nada (ni nosotros como lectores, ni él como personaje), por lo que resultará necesario volver una segunda para por fin saber qué está ocurriendo. Y aparte, la localización de la historia en una calurosa Málaga veraniega le da un toque "autóctono" (sorprendente la "identidad secreta" de quien finalmente ayudará al protagonista, por ejemplo) que le sienta bastante bien, en mi opinión.

      En el lado negativo, señalaría que además de esa, posiblemente, excesiva parquedad en su estilo de escritura y narrativo, el misterio se resuelve demasiado pronto. Una vez que Juan José empieza a dar información, la da toda de golpe, y me ha parecido que un poco de dosificación en este sentido, aparte de la inclusión de alguna otra escena que creara tensión anticipada, introduciendo quizá un poco más de terror a la novela, le hubiera sentado mejor. Y bueno, como ya comentaba al principio, el autor tira más por el terreno fantástico que por la senda del horror en su conclusión, lo cual no ha llegado a satisfacerme del todo (cuestión de gustos y expectativas personales, eso sí, no de un problema narrativo en la historia).

      En definitiva, una lectura quizá ligera pero muy entretenida, en la que destacan varios aspectos interesantes que me hacen pensar que Juan José Díaz Téllez puede ofrecernos en el futuro más historias que merecerá la pena leer.

sábado, 1 de febrero de 2014

"Lendaria" de Josué Ramos

      En 2013, Dlorean Ediciones apostó fuerte por el steampunk publicando nada menos que cuatro libros enmarcados dentro de este subgénero: la antología Steam Tales en abril, y posteriormente, con motivo de la celebración del Eurosteam a finales de septiembre, las novelas La Máquina del Juicio Final de Raúl Montesdeoca (ya reseñada en este blog), El Dirigible de Joseph Remesar (aún en mi lista de espera) y la que hoy vengo a reseñar, Lendaria de Josué Ramos.


      Lendaria es una novela definida por su propio autor como una space opera steampunk, y sin duda se trata de una definición de lo más acertada. La aventura trepidante, los escenarios (interplanetarios) exóticos, los villanos en las sombras y los héroes de una pieza marcados por su firmeza de convicciones son los verdaderos protagonistas de esta historia de reparto coral en la que sólo uno de los personajes se mantiene en el centro de la acción hasta el final (e incluso éste no hace acto de presencia hasta el tercer capítulo). Y todos estos elementos, característicos de este tipo de relatos en los que la búsqueda de la aventura por la aventura se impone a la ciencia ficción más pura (y fría, quizá), vienen sazonados, cómo no, con el correspondiente aderezo steampunk que alcanza hasta a los navíos espaciales, tal y como y nos muestra la soberbia portada de Néstor Allende.

      La novela se lee con gran facilidad (y rapidez) gracias al estilo poco dado a las florituras de su autor, la importancia que tienen los diálogos a la hora de hacer avanzar la historia y una estructura argumental muy accesible articulada mediante el uso de capítulos de corta extensión y un cambio frecuente de personajes coprotagonistas que dota al conjunto de una agilidad muy conveniente en este tipo de historias. Es posible que la caracterización de personajes sea la mayor perjudicada con un planteamiento como éste, puesto que su recambio continuo unido al avance frenético de la acción provoca que de muchos de ellos apenas se nos cuente más que unos pocos detalles que los sitúe convenientemente en la historia para cumplir con la función que les toca representar, pero también es cierto que profundizar más en ellos hubiera supuesto ralentizar el ritmo de la narración, lo cual estoy seguro que no era deseo del autor.

      En el apartado "quejas y manías del reseñador que posiblemente sólo interesan (o molestan) al reseñador", voy a señalar dos detalles: 1) no me gusta el uso de la segunda persona del singular acompañado de los tiempos verbales en presente intercalado con el de la tercera persona en pasado del relato propiamente dicho, máxime cuando este narrador que se dirige al lector no forma parte de la historia, y 2) la ambientación steampunk espacial en un presumible futuro me falla en algunas ocasiones: por un lado, se ofrecen detalles en según qué momentos sobre artefactos que efectivamente funcionan mediante la combustión de carbón o similares, o presentan otras características netamente retrofuturistas, pero por otro, no son pocos los aspectos de ciencia ficción que yo consideraría no-steampunk que salpican esta novela, como los saltos al hiperespacio, los ordenadores o el uso de cables (¿USB? ¿firewire?) para la conexión e intercambio de datos; la verdad es que por más vueltas que le he dado al asunto no he sido capaz de inferir un fundamento tipo "vapor y tuercas" que le diera explicación a este tipo de tecnologías.

      En cualquier caso, y obviando estos detalles menores que en modo alguno entorpecen la lectura de Lendaria, puedo afirmar que aquéllos que busquen una entretenidísima lectura steampunk con navíos espaciales, gobiernos interplanetarios con un perverso afán expansionista y héroes dispuestos a hacerles frente aun a costa de su propia integridad, no se verán defraudados por esta novela de Josué Ramos, que sin duda, les ofrecerá unas excelentes horas de aventura y diversión.

domingo, 26 de enero de 2014

"Necronomicon Z" de Alberto López Aroca

      Hoy vengo a reseñar Necronomicon Z, el primer libro de Alberto López Aroca que he leído, y que puedo confirmar no será el último; principalmente porque me ha gustado (lo voy adelantando ya), pero también porque tengo unas cuantas novelas más de este autor esperándome en la estantería y no es cuestión de dejarlas ahí acumulando polvo (así que ya hablaremos otro día de Sherlock Holmes y los zombis de Camford, Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra o Los Náufragos de Venus). La presente novela forma parte de la Línea Z de Dolmen Editorial, línea dedicada a la publicación de novelas y antologías de relatos donde los zombis son las reinas (hambrientas) de la fiesta, y aunque sin duda tenemos una buena cantidad de muertos resucitados en Necronomicon Z, y de hecho se sitúan en el mismo centro de la "acción", si alguien me preguntara "¿de qué va este libro?", dudo que "de zombis" fuera mi primera (ni segunda) respuesta; ésta es una novela adscrita a los Mitos de Cthulhu, y todo lo demás (que no es poco) se articula alrededor de los mismos.


      Mi opinión sobre la obra de H.P. Lovecraft es positiva en términos generales, pero reconozco que nunca me ha parecido un gran escritor; quizá porque no leí nada suyo hasta que fui bien mayorcito (veintitantos años, en lugar de los doce con los que descubrí a Poe, autor muy superior para mí), pero el caso es que aunque sus mitos me parecen fascinantes, y me gusta mucho el ambiente malsano que impregna sus relatos y novelas (los que han caído en mis manos, que tampoco han sido tantos), las historias en sí, sus desarrollos argumentales, siempre me han resultado flojillos. Lo cual, supongo que explica por qué a pesar de ser capaz de apreciar el tremebundo trabajo de documentación que ha debido de realizar el autor de Necronomicon Z para reunir en una única novela toda esa cantidad de datos y personajes surgidos directamente de la obra de Lovecraft (y otros escritores afines a los mitos), así como la creatividad necesaria para cohesionarlos y darles vida (o muerte) como parte de un todo narrativo, estoy bastante seguro de que se me ha debido pasar el ochenta por ciento (o más) de las referencias o guiños incluidos en este libro, sencillamente por mi incapacidad para reconocerlos como tales. Y si a esta circunstancia le sumamos que Alberto no se limita a nutrirse de los Mitos de Cthulhu, sino que además añade a la coctelera numerosas referencias ajenas a éstos, tanto literarias como cinematográficas... El punto positivo (un enorme punto positivo, sin duda) es que el autor se muestra realmente hábil en el uso e introducción de estos personajes y tramas en la historia que nos quiere contar, e incluso el lector más ignorante (de los mitos o cualquier otro referente utilizado) disfrutará con una novela que se sostiene perfectamente por sí sola, aunque por supuesto, aquéllos que sean capaces de "pillarlo" todo lo harán aún más.

      En cuanto a su estructura, la línea argumental de la "acción" es sencilla (no en vano todo ocurre en unas pocas horas), pero no así el desarrollo narrativo (complejo, no por ello confuso), que se nos muestra de lo más rico en matices. Un planteamiento muy acertado, puesto que permite al autor construir su historia a partir de la superposición de las vidas de sus numerosísimos personajes, que no se limitan a ofrecernos diferentes puntos de vista (y valiosa información) sobre lo que está ocurriendo en el presente, sino que además abren una puerta al pasado de Arkham y sus gentes, de manera que podremos entender mejor por qué son como son, y por qué ocurre lo que ahora está ocurriendo. Como decía anteriormente, no sé qué personajes son creación de Alberto y cuáles tienen su origen en los relatos de otros autores, pero lo que sí sé es que la superposición de mini-historias (a veces macro-historias) personales que dan cuerpo a Necronomicon Z me ha parecido sencillamente soberbia, rozando lo abrumador.

      Respecto al estilo de escritura, pues perfecto, la verdad; el que uno podría esperar (y exigir) en un profesional de la literatura. Y es que ojalá mostraran este nivel todos los best-sellers que se sitúan entre los diez libros más vendidos de una librería estándar, porque se encuentra cada cosa por ahí... Buen equilibrio entre descripciones y diálogos; magnífico trabajo de caracterización de personajes (la mayor parte de ellos para encerrarlos, eso sí; por su bien y por el de los demás); lenguaje rico pero no innecesariamente barroco... Resumiendo: se lee/devora con rapidez, pero no porque su estilo sea "simple". La única pega que le pondría (y soy consciente de que se trata de una cuestión de gusto personal) es el uso frecuente que hace el autor de las acotaciones entre paréntesis (tal como ésta); un recurso que yo mismo utilizo en mis reseñas, sin ir más lejos, pero que me resulta muy antipático cuando lo encuentro en un texto literario (manías que tiene uno).

      ¿Algún detalle importante que no me haya gustado en Necronomicon Z? Bueno, que no me haya gustado, así de manera tajante, ninguno, pero sí que mencionaré que me ha resultado "chocante" la manera en que se introduce ese elemento "onírico", que al aproximarse el final de la historia resulta de lo más crucial (hasta el punto de desviar la atención de la misma Arkham, a priori la verdadera protagonista de la novela). Sin más conocimientos que los básicos sobre los mitos, ignoro qué lugar ocupa ese elemento en ellos, o si en realidad es ajeno a la obra de Lovecraft, pero lo cierto es que mientras leía esta parte del libro no pude evitar pensar en alguna ocasión: "¿y esto?"; por eso, creo que estas partes de la novela las he valorado de forma más positiva una vez concluida su lectura, cuando al echar la vista hacia atrás he comprobado cómo encajaba todo el rompecabezas. Me ha sorprendido la fuerte carga "fantástica" que incluye Necronomicon Z, que va mucho más allá de lo que podría haber pensado en un principio, pero ya digo, aunque resulta algo chocante, finalmente convence.

      Por último, señalar que no considero que ésta sea una lectura recomendable para todo el mundo: Alberto no es uno de esos autores que optan por la elipsis narrativa cuando las cosas se ponen desagradables, y en este libro las cosas se ponen desagradables con muuuucha frecuencia. La descripción de las barbaridades que perpetran buena parte de los personajes que pueblan Arkham y sus alrededores, por no hablar de los mismos actos que se plantean (como en otros tantos detalles, el autor se muestra aquí muy imaginativo), no son aptos para estómagos sensibles, y pienso que pueden poner a prueba el límite de permisividad de más de uno (el mío lo ha puesto a prueba, por lo menos).

      Conclusión: Necronomicon Z de Alberto López Aroca me ha parecido una novela magnífica, que sorprende por su riqueza y hábil suma de historias dentro de historias, y que estoy seguro no decepcionará a ningún aficionado a los Mitos de Cthulhu, y de manera más amplia, a la literatura de terror fantástico.

      Valoración final: ¡Fhtagn!

lunes, 30 de diciembre de 2013

Repaso a mis lecturas del 2013

      El año se acaba y si por algo se caracterizan estas fechas, además de por el exceso de comida, alcohol y ñoñería, es por ese deseo incontrolado de hacer balance sobre lo que se ha hecho o sufrido durante los últimos doce meses. Aplicado a la lectura, este deseo se traduce en muchas ocasiones en la elaboración de Tops (5, 10 o 12) en los que se recomienda y/o comenta los mejores libros que uno ha leído durante el año que termina, y lo cierto es que yo también me propuse hacer algo parecido; sin embargo, a la hora de abordar semejante empresa, reconozco que me he sentido incapaz de ensalzar unas lecturas sobre otras, por lo que finalmente he decidido limitarme a hacer un repaso general de todos los libros que han pasado por mis manos durante estos meses (incluyendo cuando corresponde los enlaces a las reseñas que ya he escrito sobre algunos de ellos).

      En total, he leído 32 libros durante el año 2013 (algunos me han acompañado durante uno o dos meses, otros me los he ventilado en un día), y si tuviera que destacar una característica de mi actividad lectora durante este año, ésa sería sin duda mi inmersión en la literatura nacional más "joven" y "de género" (terror, pulp, ciencia ficción...), gracias a la decidida actividad de editoriales también jóvenes como Dlorean Ediciones, Tyrannosaurus Books, Editorial Universo o Kelonia Editorial (por mencionar aquellas de las que he leído libros este año, pero que no están ni mucho menos solas en esto). Y es que si el año pasado comencé a darle una oportunidad a este tipo de literatura autóctona con las antologías Actos de Venganza (de Tony Jiménez) o Arkham, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books, este año he leído nada menos que 18 libros (más de la mitad del total) susceptibles de ser marcados con esta etiqueta. No está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que en dos casos, no sólo me he limitado a comprar y leer estos libros, sino que además he favorecido su publicación gracias al sistema de crowdfunding organizado por la página de Verkami, motivo por el que tanto la antología Érase una veZ de Kelonia Editorial como La Frati Nigra del autor Lem Ryan llevan impreso mi nombre como uno de los numerosos microfinanciadores que las han hecho posibles (motivo de orgullo para mí, cómo no).

     Sin alejarme de la producción de autores nacionales, este año 2013 ha supuesto para mí el descubrimiento del pulp y el steampunk, un multigénero y subgénero respectivamente, que apenas había probado anteriormente, y de los cuales he catado suficientes (y sabrosas) muestras durante estos últimos meses. De esta forma, y en lo que al pulp se refiere, he podido disfrutar con la primera novela de Miguel Ángel Naharro, La Maldición de la Diosa Araña y la antología Action Tales, ambas publicadas por Dlorean Ediciones, mientras que mi "estreno" con el steampunk ha venido de la mano de otras dos antologías, Ácronos (Tyrannosaurus Books) y Steam Tales, además de la novela La Máquina del Juicio Final de Raúl Montesdeoca (estas dos últimas de Dlorean Ediciones); un "estreno" más que satisfactorio que me ha animado a pillarme recientemente otra novela enmarcada dentro de este subgénero que ya reseñaré en su momento. ¿Y de ciencia ficción más clásica? Pues también he tenido la oportunidad de leer un par de libros autóctonos de este tipo: El Columpio Negro de Lluís Rueda (Tyrannosaurus Books) y Panteón de Carlos Sisí (Minotauro), ambos muy recomendables aunque compartan, a mi ver, un mismo defecto: el último tercio de la novela, aunque correcto, no está del todo a la altura de los dos tercios anteriores, sobresalientes en mi opinión.

      A continuación, toca mencionar mis lecturas hispanas de género de terror o sobrenatural, sin duda muy bien representadas en la lista de este año. Para empezar, ahí han estado las dos primeras novelas de Tony JiménezCinco Tumbas sin Lápida y Drácula vs La Momia: Batalla por Chicago, ambas publicadas por Tyrannosaurus Books, y aunque con enfoques (y propuestas) muy diferentes, igualmente disfrutables; y como segunda entrega de esa línea Monsters Unleashed lanzada por esta editorial (la primera fue el Drácula vs La Momia ya mentado), la segunda novela de Miguel Ángel NaharroDrácula y los Crímenes de Jack el Destripador, todo un divertimento sangriento con sus toques steampunk. Aparte, también he disfrutado con la lectura de la ya mencionada La Frati Nigra, muy bien acompañada por esas otras dos novelas cortas de Lem Ryan que han sido publicadas a raíz del mismo proyecto de crowdfundingKatham y las Sombras del Caos y Cazadores de Vampiros. Y finalmente, y adscritas como las anteriores al género sobrenatural, mencionar también lo mucho que me han gustado tanto El Camino de Baldosas Amarillas de Juan de Dios Garduño (aunque tal y como decía anteriormente sobre El Columpio Negro y Panteón, pienso que la recta final del libro no hace justicia a sus magníficas páginas previas) como la juvenil Olantern, Recolectores de Almas de Jeremías de Manuel (Editorial Universo).

      ¿Algún otro libro de autores "nuestros" que haya leído en 2013? Pues sí, dos más que no he llegado a encajar en los anteriores apartados: Los Caídos de Magnus Dagon, que recopila todas las entregas de este cómic/serial/novela por entregas que ya había ido apareciendo previamente en el blog de su autor, y La Musa. Novela de una Obsesión de Enrique Cabrera Cebrero, que caería dentro de los límites del género negro, aunque con un enfoque muy particular.

     Muy bien, pues hasta aquí los libros nacionales de este año, que como ya decía han sido muchos, pero no los únicos que me han acompañado en mis largas horas de transporte público para ir y volver del trabajo (el tren y el autobús son mis espacios predilectos a la hora de devorar libros). Por ejemplo, en 2013 he leído las últimas novelas de Dan Simmons, autor que venero desde que descubrí sus sagas de Hyperion/Endymion e Illyon/Olympo (auténticas maravillas de la ciencia ficción -Endymion no tanto, pero dejémoslo así-), y que en los últimos tiempos parece decantarse más por el género histórico aunque con toques sobrenaturales; estas novelas han sido El Terror y La Soledad de Charles Dickens (titulada simplemente Drood en su versión original). Mientras que la primera me ha encantado y no se me ha hecho pesada en ningún momento a pesar de su extensión y pasajes más descriptivos (recomiendo su lectura sin reservas), la segunda ha sido harina de otro costal: no la considero mala y se lee razonablemente bien, pero me ha decepcionado un poco. Y ya que hablamos de novelas cuya acción transcurre en el siglo XIX, señalar que este año he leído otros dos libros de la misma época, escritos por un autor no precisamente contemporáneo de Simmons: hablo de Edgar Allan Poe y de su Narración de Arthur Gordon Pym y The Complete Poetry of Edgar Allan Poe (en versión original). La primera resulta quizá algo densa, y no alcanza los niveles de excelencia que puedan hallarse en sus Cuentos, pero en cualquier caso, una buena novela; la segunda... vale, lo admito: la poesía de Poe en su idioma natal me ha resultado realmente difícil de seguir, así que al final me limité a leer los poemas más famosos (The Raven, Annabel Lee...) y dejé pasar el resto; pero oye, si alguien controla el idioma hasta el punto de poder leerlo entero sin problemas, totalmente recomendable.

      Este año también he leído libros "de cine", destacando el apabullante (por la cantidad de información que incluye) pero no por ello menos fascinante Cómo se hizo Blade Runner: Futuro en negro de Paul M. Sammon. Una auténtica pasada que es imposible que te deje duda alguna sobre todo lo que rodeó a la adaptación de la novela de Philip K. Dick; y ya que menciono a este autor, aprovecho para apuntar que otro de mis libros del 2013 ha sido Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, donde Dick quizá no esté tan brillante como en Ubik o El hombre en el castillo, pero en cualquier caso me ha gustado mucho. Pero estábamos hablando de libros "de cine", y de este tipo también he leído Las réplicas más divertidas del cine de Jean-Claud Brialy, cuyo título no lleva a engaño y principal virtud es que te deja con muchísimas ganas de ver (o revisitar) infinidad de clásicos cinematográficos. Por último, incluyo también en este apartado Los niños del Brasil de Ira Levin que tuvo una exitosa adaptación hace una buena cantidad de años, y cuyo principal defecto, en mi opinión, es que la mayor sorpresa que esconde su argumento no resulta nada sorprendente a estas alturas, pero en fin, si uno consigue hacer un ejercicio de abstracción, y se pone en el lugar de un lector que leyera esta novela hace unos cuarenta años, seguramente valorará de forma más adecuada lo que debió de suponer entonces.

      Seguidamente, toca mencionar dos decepciones: El Último Deseo de Andrzej Sapkowski, primera entrega de la aclamada Saga de Geralt de Rivia y que a mí me ha dejado más frío que un pez, y la antología de relatos de Neil Gaiman, El Cementerio sin lápidas y otras historias negras, que no es que esté mal del todo, pero desde luego no es imprescindible. Ambos se dejan leer y también olvidar.

      Y para terminar, hablemos de libros "serios" (de ésos que puedes mencionar en una charla con gente culta sin temor a que te señalen gritando: ¡friki!). De éstos, han caído en mis manos Libertad de Jonathan Franzen, que realmente se merece todas las críticas positivas que acumula (una auténtica pasada de libro); Tokio Blues de Haruki Murakami, primer y probablemente último libro que leo de este autor, porque no me ha gustado nada (la sobreexposición de vida interior de sus personajes ha podido conmigo); Orlando de Virginia Woolf, en este caso una relectura, así que sabía que iba sobre seguro (con esta autora uno siempre va sobre seguro, de todos modos); y Pedro Páramo y El llano en llamas de Juan Rulfo en un único volumen, que también he disfrutado mucho (la novela ya la había leído hace años, pero la recopilación de cuentos ha sido todo un descubrimiento).

      Y hasta aquí hemos llegado, amigos. En realidad, podrían haber sido 33 libros si hubiera concluido ya las cien páginas que me faltan para terminar El viento por la cerradura de Stephen King (una novela perteneciente a la Saga de la Torre Oscura), pero como estos días no he podido ni acercarme a ella, tendrá que entrar en la cuenta del 2014 (eso sí, por lo que llevo leído la recomiendo sin dudarlo).

      Espero no haber aburrido a nadie en demasía con esta entrada (si es que aún queda alguien ahí leyendo este texto). Sólo me resta despedirme confiando en que pasen ustedes un 2014 de lo más interesante... ¡leyendo libros!

sábado, 14 de diciembre de 2013

"La Frati Nigra" + "Katham y las Sombras del Caos" de Lem Ryan

      Como resultado de un proyecto de crowdfunding mediado por Verkami, llega hasta nosotros La Frati Nigra, nuevo trabajo de Lem Ryan que viene acompañado por otras dos novelas cortas editadas en el clásico formato bolsilibro, las cuales se ofrecían como recompensas de esta exitosa empresa de microfinanciación. Mientras que una de ellas es la reedición de Cazadores de Vampiros, novela publicada originalmente durante nuestros añorados años 80, la otra, Katham y las Sombras del Caos, se presentaba como una continuación de la mismísima La Frati Nigra, a pesar de no tener a priori demasiado en común con ella. Y bueno, antes de que se me olvide, indicar que todas estas novelas pueden adquirirse sin ninguna dificultad a través de la tienda virtual del propio autor.


      La Frati Nigra fue anunciada desde un principio como "la novela definitiva sobre el Necronomicón", y si esto no es marcarse una meta ambiciosa no sé qué más puede serlo. Y es que efectivamente, como ya podréis suponer, se trata de un libro enmarcado dentro de los Mitos de Cthulhu, si bien desde una perspectiva que busca distanciarse de la ficción establecida por H.P. Lovecraft y demás autores continuadores de su obra, revelando toda la verdad oculta en aquellas novelas y relatos.

      El planteamiento del libro es del tipo Código Da Vinci (o eso creo, porque confieso no haber leído la novela de Dan Brown), mezclando realidad y ficción a partes iguales hasta confeccionar un entramado sorprendentemente consistente que hace encajar multitud de datos históricos, literarios, mitológicos y religiosos, hasta conseguir "venderle" al lector  la existencia de un Necronomicón real que habría inspirado a Lovecraft a la hora de introducir ese libro maldito en su obra. Un trabajo de recreación más que notable por parte de Lem que sin embargo no lastra la novela con su todo su peso (error que cometen algunos autores, tan encantados con lo ingenioso de sus propuestas que se olvidan de que lo importante en toda historia siempre serán los personajes y las cosas que les ocurren). Y es que el autor nos revela poco a poco conforme avanza la novela todos los misterios que rodean a este libro, así como su conexión con diversos acontecimientos del pasado, pero siempre de forma dosificada y evitando extenderse más de lo recomendable.

      En cuanto al argumento, no voy a destripar nada, pero sí que puedo decir que tras enganchar irremediablemente al lector con sus primeras páginas, se desarrolla después con un ritmo perfecto que mueve a los personajes con maestría, siguiendo una estructura argumental ideal para cualquier historia de intriga: mientras lees nunca sabes qué es lo que puede ocurrir a continuación, pero una vez que ocurre y miras hacia atrás, te das cuenta de que no podía haber sucedido de otra manera. Me ha encantado, la verdad, pero a pesar de ello me voy a permitir hacerle una pequeña crítica negativa: al encarar la recta final, cuando la acción pasa de estar circunscrita a un solo lugar para lanzarse a un viaje frenético de un sitio a otro, pienso que se pierde algo de ese ritmo tan medido que estaba caracterizando el desarrollo argumental hasta ese momento; al leer esas páginas me ha dado la impresión de que el escritor tenía algo de prisa por llegar al final, y pienso que se echa de menos un poco más de calma a la hora de preparar la traca definitiva.

      ¿Y el estilo de escritura de Lem Ryan? Pues perfecto para este tipo de historia, en mi opinión. Dinámico pero al mismo tiempo detallado cuando resulta necesario crear una buena atmósfera. Un estilo depurado que junto con el ritmo impuesto a la novela, demuestra la profesionalidad de un autor con numerosas novelas de aventuras, ciencia ficción y terror a sus espaldas.

       ¡Pero no se vayan todavía que aún hay más!, porque después de concluir la lectura de La Frati Nigra me he arrojado sin más dilación sobre Katham y las Sombras del Caos, la novela corta acompañante cuyo comienzo solapa con el final de la primera (ampliándolo de forma harto placentera para el lector), para después seguir su propio camino mientras ata algunos de los cabos sueltos que deja aquella. Una continuación perfecta, en cuanto que no resulta imprescindible si uno se limita a leer La Frati Nigra, pero que mejora enormemente el conjunto si decide darle una oportunidad.


      Katham y las Sombras del Caos recupera a un personaje tipo Conan cuyas aventuras siempre han transcurrido en un lejano pasado, y que ya había protagonizado al menos una novela anterior de Lem (La Espada de Katham, disponible en formato digital en Amazon), y que por obra y gracia de nuestro autor, en esta novela afronta el reto de apechugar con las consecuencias de La Frati Nigra (que tiene lugar en nuestro presente, por si antes no lo he dejado claro). Y una vez más, poco puedo objetarle a esta historia que se adscribe sin complejos al género fantástico puro y duro (la novela a la que acompaña es mucho más comedida en este sentido), en una historia rápida y de corta extensión que va al grano desde el principio y no defrauda en ningún instante a lo largo de sus apenas cien páginas. Una historia con grandes momentos Lovecraft que no dejarán indiferente a ninguno de los numerosos amantes de Cthulhu, donde la diversión mezclada con el terror ultraterreno están más que garantizados.

      ¿Conclusión de conclusiones? He disfrutado muchísimo con la lectura de ambas novelas y sin duda recomiendo su lectura a todo el mundo (un perfecto regalo navideño, por ejemplo).

      Y bueno, para terminar esta reseña quiero señalar (y subrayar) que las ilustraciones de Jose Baixauli para estos dos libros (y para Cazadores de Vampiros también) son realmente magníficas, como suele ser costumbre, y ya que estoy os recomiendo vivamente que disfrutéis con el arte de este artistazo (si es que aún no lo conocéis), por ejemplo en su propio blog.

sábado, 30 de noviembre de 2013

"Drácula y los Crímenes de Jack el Destripador" de Miguel Ángel Naharro

      Tras La Maldición de la Diosa Araña, publicada por Dlorean Ediciones a finales de 2012, nos llega ahora la segunda novela de Miguel Ángel Naharro, editor en jefe de la página de fan-fiction Action Tales y autor de varios relatos incluidos en diferentes antologías que han ido apareciendo durante los últimos dos años. Drácula y los Crímenes de Jack el Destripador es a su vez el segundo título publicado por la editorial Tyrannosaurus Books bajo el sello "Monsters Unleashed", que junto a Drácula vs. La Momia: Batalla por Chicago, ha servido de carta de presentación para esta nueva línea que reivindica a los monstruos más clásicos del cine y la literatura con nuevas historias que los sitúan en entornos poco habituales.


      Pues bien, en esta novela Miguel Ángel nos ofrece exactamente lo que promete: una trepidante historia de acción plagada de vampiros, con sus moderadas dosis de gore y erotismo para aderezar el conjunto, en la que el autor apenas nos da un respiro durante sus muy bien ajustadas doscientas treinta y tantas páginas. Una historia argumentalmente sencilla pero muy bien estructurada, cuyo ritmo no decae en ningún momento mientras mueve a sus personajes con soltura hasta alcanzar el ansiado clímax final.

      ¿Puntos fuertes de la novela? Se lee en un suspiro, engancha y resulta tremendamente entretenida. Los personajes se ajustan como un guante a los papeles que les toca representar, y aunque su desarrollo no excede los límites que impone una historia en la que la acción es la auténtica protagonista, están perfectamente trazados y actúan con total coherencia. Por otra parte, la manera en que se introduce a Jack el Destripador me ha parecido realmente brillante, consiguiendo Miguel Ángel que su reunión con Drácula en una misma historia resulte tan creíble como lógica; y es que nadie podrá negar que el enfrentamiento entre ambos esté más que justificado cuando llega el momento de cruzar sus caminos.

      ¿Más cosas que me han gustado? El hecho de que el autor englobe esta novela en su universo particular al introducir en ella ciertos elementos que la conectan con otras historias anteriores, aunque de forma tan bien planteada que si el lector no los identifica por no haber leído previamente esas historias, no va a echar en falta nada; quede claro que la novela constituye una lectura completamente autónoma.

      ¿Y el estilo de escritura? Sencillo y muy directo; sin florituras o estructuras gramaticales enrevesadas que puedan ralentizar el ritmo de la novela. Miguel Ángel tiene muy claro el tipo de historia que está contando y sin duda emplea el estilo más adecuado para ello: la lectura resulta ágil, permitiendo así seguir esta aventura con la misma rapidez con la que se suceden los acontecimientos. Sin embargo, y aquí introduzco mi primer comentario negativo, precisamente por buscar esta agilidad en la lectura, el autor incurre en un hábito poco correcto, en mi opinión: el exceso de puntos y aparte, o lo que es lo mismo, la subdivisión del texto en numerosos párrafos, muchos de ellos constando de una única oración. Porque vale que los párrafos excesivamente largos puedan transmitir la sensación de densidad informativa y afecten a esa agilidad que se pretende conseguir, pero aún así, creo que hay unos límites (y reglas) que deberían respetarse a la hora de construirlos, y como ya digo, pienso que Miguel Ángel abusa de la subdivisión en párrafos muy cortos.

      Y bueno, ya que menciono aspectos negativos que he encontrado en esta novela, comentar que aunque la introducción de elementos steampunk en la misma resulta curiosa y llama la atención (positivamente), una vez concluida su lectura me ha quedado la sensación de que realmente no aportan nada a la historia, y aunque desde luego no molestan (pues no ofrecen más que algunos detalles, digamos de ambientación) su falta de repercusión en el desarrollo argumental llevan a concluir que si no estuvieran ahí todo ocurriría básicamente de la misma manera, y ya que estamos "mezclando" dos mundos independientes, como son el de Drácula y el de Jack el Destripador... ¿por qué añadir otro elemento ajeno a esta mezcla que tampoco resulta clave?

      Por lo demás, una entretenidísima novela de vampiros ubicada a finales del siglo XIX, repleta de acción y terror, que además funciona perfectamente como continuación (alternativa) del clásico de Bram Stoker, con Drácula como definitiva personificación del mal.

      Finalmente, no quiero terminar esta reseña sin señalar que la portada de Daniel Expósito Zafra me ha parecido excelente, así como el diseño de los títulos pertenecientes al sello "Monsters Unleashed". No cabe duda que el aspecto de este libro consigue vendértelo antes de que la historia de Miguel Ángel Naharro te confirme que has hecho una buena compra.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

"Olantern, Recolectores de Almas" de Jeremías de Manuel


      Olantern, Recolectores de Almas es la primera novela de Jeremías de Manuel, publicada hace tan solo unos meses por la joven Editorial Universo. Una novela dirigida a un público principalmente juvenil, aunque no por ello vedada a lectores más maduritos abiertos a disfrutar de una historia con vocación de “para todas las edades”.


      Olantern es una novela que respeta los aspectos más característicos de la literatura juvenil, situando a un adolescente como protagonista de una historia de iniciación en la que los elementos sobrenaturales van a representar un papel muy importante, aunque sin permitir que éstos la enmarquen dentro del género de terror, circunstancia que la hubiera alejado de su público objetivo. Una historia de estructura argumental sencilla que avanza a golpe de diálogos, escrita con un lenguaje muy cercano que no dificultará el acceso a sus jóvenes lectores; una historia que se plantea sobre todo como una introducción al mundo y personajes creados por este autor, para una vez mostradas buena parte de sus cartas y situados los protagonistas en el punto argumental en el que comienza la acción “de verdad”, sorprendernos con un antipático "continuará" (antipático porque nos obliga a esperar unos cuantos meses hasta que salga a la venta la segunda parte de esta novela).

      Aficionado como soy a este tipo de literatura (ahora mismo me viene a la memoria lo mucho que disfruté con El Libro del Cementerio de Neil Gaiman, por poner un ejemplo), puedo afirmar que Olantern ofrece una interesante historia en la que espíritus y otros entes más oscuros se entremezclan con los vivos en un mundo que vendría a ser como el nuestro pero mucho más rico en realidades sólo visibles para unos pocos elegidos. Un mundo que conocemos a través de los ojos de nuestro joven protagonista, Daniel, con el que resulta muy fácil identificarse (aún más aquellos que ronden su edad) mientras descubrimos al mismo tiempo que él toda una serie de nuevos conceptos; y por supuesto, no estaremos solos en esta iniciación, puesto que nos acompañará un grupo de personajes no demasiado numeroso, aunque muy bien definido. Me ha gustado mucho el trabajo de caracterización que realiza Jeremías, destacando a mi parecer el tratamiento que hace de Roxan (con la que es imposible no sentirse “encandilado”) y del abuelo de Daniel, a pesar de que éste represente un papel más secundario.

      La novela se lee rápidamente, fomentada esta circunstancia por el uso predominante de los diálogos, y sobre todo en su recta final, engancha por una serie de hechos que por fin se revelan y que dirigen directamente al final abierto que nos va a dejar con todas las ganas de continuar leyendo. Sin embargo, me he encontrado con un detalle negativo que pienso que desluce un poco el conjunto, y es que a pesar de comenzar la historia con muy buen ritmo, lanzándose sin muchos preámbulos al "tema", desde el momento en que el protagonista, Daniel, es consciente de su nueva situación, el autor enlaza numerosas escenas de diálogo que ocuparán buena parte del libro hasta más o menos el último cuarto, en las que nos cuenta todo lo que debemos (y queremos) saber sobre el "contexto" en el que van a moverse los personajes. Un recurso que no ha terminado de convencerme por: 1) la sucesión de escenas basadas en el diálogo donde se van desgranando todos los misterios es, en mi opinión, excesiva sin la inserción de otras más "movidas" que quizá hubieran otorgado mayor variedad y agilidad a la lectura; 2) como lector, uno quiere saberlo todo sobre este mundo oculto que se nos presenta, pero pienso que hubiera sido mejor dosificar un poco más la información para ir acrecentando nuestra curiosidad antes de que por fin  fuera satisfecha; y 3) lo que considero más importante: en esta parte del libro, más sosegada, realmente no existe ningún conflicto que mueva la historia; acompañamos al protagonista en su "inmersión" en ese nuevo mundo y lo conocemos mejor a él y sus compañeros, pero aún no existe nada en el horizonte que nos preocupe, que cree tensión o nos haga desear pasar las páginas aún más rápido; como ya decía antes, la historia se lee muy bien, y no se llega a perder el interés por ella en ningún momento, pero he echado en falta que la aparición de esos elementos dramáticos que van a marcar la acción de la novela no hicieran acto de presencia antes de lo que lo hacen.

      Por lo demás, concluida la lectura de esta primera parte, todo está listo ya para que en la segunda entrega, Jeremías nos sumerja sin "manguitos" en las profundidades de este mundo que se nota ha elaborado con detalle, y que estoy seguro que aún guarda muchas sorpresas.

lunes, 4 de noviembre de 2013

"Los Caídos" de Magnus Dagon

      Magnus Dagon es el creador de El Tecnoverso, un nuevo universo de tipo superheroico que ha venido desarrollando mediante novelas "por entregas", que siguiendo el esquema más habitual en los cómics de superhéroes, se presentan como números de una serie regular con sus correspondientes anuales cada tanda de doce. De hecho, el paralelismo con el formato de este tipo de cómics va más allá de lo meramente formal, puesto que cada una de estas entregas cuenta también con su portada correspondiente, a cargo de un variado número de dibujantes que han colaborado con este autor en su proyecto.

     Actualmente, el Tecnoverso consta de dos series regulares ya concluidas, Los Caídos y The Jammers, una miniserie de dos números, Outcast, y una tercera serie regular en activo, Perséfone, que es la única que "ha escapado" al control de Magnus Dagon al pasar a estar escrita por Raelana Dsagan a partir de su quinta entrega. Pues bien, todos estos números se encuentran disponibles de forma gratuita en su página, pero afortunadamente (tened en cuenta que estamos hablando de horas y horas de lectura frente a una pantalla que quizá podrían echar para atrás a más de uno), el autor ha tenido a bien editar las dos novelas ya finalizadas en formato libro (de papel), y ha sido de esta manera como Los Caídos, primera de todas ellas, ha llegado a mis manos: como un grueso tomo de más de quinientas páginas por tan solo 15 euros (gastos de envío incluidos) oiga. 


      En lo que al argumento se refiere, Magnus Dagon nos traslada a un futuro lejano para contarnos cómo tras la desaparición de todos los superhéroes de la ciudad-estado de Ernépolis I, surge un nuevo grupo de defensores de la justicia que, adaptándose a las nuevas circunstancias, tendrá que hacer frente a la aparición de toda una serie de amenazas que rápidamente identificaremos como supervillanos. Y es que el autor demuestra mucha habilidad al construir un entorno que lejos de trasladar el concepto del superhéroe a un escenario poco habitual en el género, lo que consigue es justificar todos esos aspectos que ya hemos asumido como consustanciales al mismo, a pesar de que si te paras a pensarlo dos veces no resulta muy creíble que puedan darse en un mundo que por lo demás se supone idéntico al nuestro. ¿O acaso es posible que con genios benefactores como Reed Richards o visitas alienígenas más o menos frecuentes (¿alguien ha dicho skrulls?), el planeta Tierra que conocemos en los cómics pueda seguir siendo como el nuestro? Pues no, la verdad, y la manera que tiene Magnus de resolver esta paradoja es sencillamente situar la acción en una ciudad futurista en la que los consecuentes adelantos tecnológicos justifican los "poderes" de la mayor parte de los héroes y villanos, al tiempo que la exploración espacial que ha iniciado la raza humana hace posible también la inclusión de diversos alienígenas al nivel que se acostumbra en este tipo de cómics. Pero por otro lado, para limitar el entorno futurista y que los argumentos no deriven en exceso hacia la ciencia ficción especulativa, qué mejor que situarlo todo en una ciudad decadente en la que el progreso tecnológico se ve "compensado" con un alto nivel de corrupción y abundancia de criminales presentes en todos sus estratos, de manera que al final nos encontremos con un ambiente no muy distante del que pudiéramos tener en una urbe resultado de mezclar Metrópolis con Gotham City (por ejemplo).

      En Los Caídos el autor mezcla con maestría todos esos elementos que cualquier aficionado a los cómics de superhéroes sabrá reconocer y valorar en su justa medida, sorprendiendo por lo bien introducidos e interconectados que están en este universo propio: la identidad secreta del héroe; la lucha sin fin contra el crimen; la inteligencia artificial imposible de detener; el anarquista con ínfulas de mesías; el viajero en el tiempo que avisa sobre acontecimientos clave aún por venir; el superhéroe con pies de barro; los viajes al espacio; proyectos secretos militares que se escapan a todo control; mercenarios equipados con lo último en armamento; la redención de los villanos por diferentes motivos; etc. En fin, como ya digo, elementos que resultan muy familiares pero que en ningún momento se presentan como un "refrito" sencillamente porque se nota que Magnus Dagon sabe lo que está haciendo, y por encima de todo, prevalece el objetivo de contar una buena historia donde todos los elementos introducidos tienen su razón de ser y obedecen a un argumento perfectamente estructurado en el que todas las piezas terminarán encajando.

      En cuanto a los personajes, el autor hace un gran trabajo de caracterización, y aunque muchos de ellos se ajusten a un arquetipo determinado, no por ello se limita a trazarlos con cuatro pinceladas, sino que en general les dedica el espacio necesario para añadir algún matiz que los defina aún mejor y los haga destacar por encima de sus aspectos más tópicos. Por supuesto, sobresale el protagonista principal de la novela, John Scream, aunque no es el único que recibe un tratamiento de lo más acertado; de hecho, incluso llegará a ser superado en algunos momentos por un personaje que no hará su aparición hasta mediada la historia, pero que gracias al carisma de que lo dota el autor consigue amenazar la posición de Scream como figura central sobre la que todo gira.

      Respecto al estilo de escritura, decir que la novela de Magnus se lee con extremada facilidad gracias a un buen equilibrio entre las partes más descriptivas y los diálogos, así como de la acción y los momentos de mayor tranquilidad en los que se aprovecha para profundizar en los personajes. Y en cuanto a la estructura, tenemos capítulos que se agrupan en diferentes sagas como los cómics de cualquier serie regular, aunque la historia fluye de unas sagas a otras sin interrupciones bruscas, de manera que éstas simplemente marcan los límites de cada acto que lleva irremediablemente al siguiente. Y bueno, aunque tenemos la intervención de The Jammers, los personajes protagonistas de su otra novela seriada, no necesitamos saber nada más que lo que aquí se explica sobre ellos, de manera que la estructura narrativa de Los Caídos no se ve afectada por su introducción.

      Puntos negativos que he encontrado durante la lectura de este libro: 1) el que considero principal: la historia no acaba cuando llegamos al final; ya he comentado en alguna ocasión anterior que no tengo ningún problema con los finales abiertos y con que un autor deje cabos sueltos que pueda recuperar en próximos trabajos, pero si se trata de aspectos clave que han venido marcando el desarrollo de la historia que se cuenta entonces me vuelvo bastante intransigente, y es precisamente lo que ocurre en este caso, y con varias tramas además; de hecho, la saga final realmente no es final; importante sí, e impactante, pero no es la traca explosiva que esperaba diera conclusión a la historia, porque como ya digo, no concluye; 2) en el tratamiento de un personaje, el mejor amigo del protagonista, me ha parecido notar cierta improvisación a pesar de que me ha quedado bien claro mientras leía el libro que Magnus tenía bastante bien definida la estructura argumental de las diferentes sagas; pero el hecho es que me ha llamado la atención el caso de ese personaje y su relación sentimental, que comienza ocupando buena parte de los primeros números para después difuminarse y casi desaparecer, aunque no dé la impresión de que se haya llegado a ningún punto especialmente importante que justifique su abandono; y 3) ese personaje tan carismático que mencioné antes y que tiene su primera aparición a mitad del libro ha terminado pareciéndome un elemento excesivamente desestabilizador en el desarrollo de la historia; y es que resulta tan atractivo desde el mismo momento en que aparece, que prácticamente devora a todos los demás, incluido Scream, hasta el punto de que posiblemente, el lector puede llegar a preocuparse más por lo que le ocurre a él que por lo que le ocurre a Los Caídos, y eso, pienso, es peligroso (narrativamente hablando).

      Y bueno, creo que con esto he dicho ya todo lo que quería decir sobre este libro, y la conclusión vendría a ser la siguiente: Los Caídos es un libro de lo más entretenido que se devora más que se lee, el cual disfrutarán sobre todo aquellos aficionados a los cómics de superhéroes dispuestos a sumergirse en un nuevo universo similar en sus cimientos a los ya conocidos de Marvel y DC, y lo peor que se puede decir sobre él es que se trata de una novela básicamente inconclusa. Confío en que Magnus Dagon se anime algún día a continuar esta historia y nos ofrezca esa segunda parte de Los Caídos que estoy seguro que ya esperamos más de uno.